sábado, 2 de abril de 2011

OBJETO DE ESTUDIO DE FILOSOFIA

 

  La filosofía tiene claras diferencias con las ciencias naturales. El objeto del estudio de éstas son fenómenos de la realidad, mientras que el objeto de la filosofía son cuestiones de existencia puramente ideal, en el sentido de que surgen exclusivamente en la mente y la cultura humana.

Las ciencias naturales pueden valerse y se valen del método experimental y de la observación como instrumentos primordiales de su conocimiento. La deducción, la inducción y sobre todo la intuición constituyen sí procedimientos valederos, que han aportado grandes avances al conocimiento científico; pero todas sus resultancias requieren la previa confirmación mediante la experimentación o la observación.
La característica principal del conocimiento científico parecería que fuera la finalidad de alcanzar un conocimiento respecto del cual exista un total acuerdo o unanimidad entre sus especialistas; cosa que justamente no parece ocurre con la filosofía.
Entretanto, la filosofía, si bien utiliza en algunos aspectos la observación - sobre todo del comportamiento humano - tiene como método básico y fundamental de sus conocimientos el razonamiento; y, por eso mismo, nunca llega a conclusiones definitivas, absolutas y permanentes. Si es cierto que ya hace muchos siglos los filósofos griegos antiguos prácticamente identificaron todos los objetos del conocimiento filosófico, y en casi todos ellos prácticamente agotaron su examen en todos los sentidos posibles; también es cierto que las corrientes de su pensamiento no han podido considerarse nunca definitivas, y el hombre ha continuado discurriendo durante siglos casi sobre los mismos temas, sin haber alcanzado conclusiones que puedan considerarse inconmovibles.
De cualquier manera, la filosofía y la ciencia, en su conjunto, forman parte del conocimiento humano; y en no pocas oportunidades poseen fronteras difícilmente definibles. Así, algunos hombres que se han destacado enormemente en el campo de la ciencia, especialmente quienes han analizado las dimensiones más enormes como el universo mismo, o las más pequeñas como el mundo atómico, han descubierto o enunciado sus grandes leyes - como la teoría de la relatividad - para llegar a una frontera que parece estar más allá de las posibilidades del conocimiento científico. La comprensión del existencia de orden en la enormidad del universo espacial, tanto como en la pequeñez de la estructura atómica, la definitiva unificación de la materia con la energía; han llevado a no pocos científicos a trasladar sus raciocinios al campo filosófico.
El conocimiento filosófico, por su propia naturaleza y su contenido abstracto, conformado meramente por pensamientos e ideas, aparece a menudo como más difícil de captar que los contenidos concretos del conocimiento científico relativo a las ciencias de la naturaleza y sus leyes, como pueden ser la física, la química o las ciencias biológicas.
Pero no puede dejar de apreciarse que no solamente ese conocimiento constituye una rama importante de la cultura y el saber humano; sino que a pesar de los trascendentales progresos realizados en la civilización moderna en los campos de las ciencias y las técnicas, los temas de la filosofía que provienen del fondo de los siglos en forma casi inalterada, siguen plenamente vigentes para el espíritu y la curiosidad intelectual del hombre.



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